Capitulo 10
Lo Nuestro Viene Desde Hace Tiempo
Nicolás Valencia guió el vehículo de transporte marítimo de regreso hasta Turbo atravesando el Golfo de Urabá. En el viaje de vuelta los pasajeros permanecieron callados y pensativos.
Cuando entraron de nuevo al canal de aguas negras, Valencia les preguntó:
“¿Donde están hospedados?”
“En ninguna parte todavía,” respondió Alberto Moreno.
“¿Para donde piensan ir entonces?,” quiso saber el nativo de Turbo.
“Al muelle,” dijo el otro colombiano.
“¿Donde?,” preguntó extrañado Nicolás Valencia.
“Pues al lugar donde están los de Buenaventura,” dijo Alberto Moreno.
“La mayoría de ellos” -explicó Valencia- “duermen en un barco que está abandonado. Los que tienen suerte duermen en casas de los vecinos del lugar que les han brindado albergue. Es una situación muy difícil,” trató de explicar Nicolás Valencia acerca del problema de vivienda que enfrentaban sus paisanos.
“¿Crees que podemos dormir en tu casa por ésta noche? Es muy tarde ya,” suplicó Falcao Romeiro poniendo cara de necesidad.
“No sé. Mi mamá y mis hermanas están en Medellín, pero mi otro hermano, el dueño de ésta embarcación está conmigo. Tendría que hablar con él primero,” dijo el motorista sin comprometerse.
“¿Como se llama él?,” preguntó David Menachem III solo para satisfacer su curiosidad.
“Jesse-Desmond,” dijo el turbeño.
“¿Que piensas que él vaya a decir?,” preguntó de nuevo Menachem III.
“No sé. Déjenme consultar primero con él. Yo le tengo que entregar la parte de las ganancias que le corresponde y ahí aprovecho para comentarle. Vamos a ver que dice. Por mi no hay problema. Yo también he estado en otras ciudades sin conocer a nadie y me han brindado alojamiento personas desconocidas,” explicó Nicolás Valencia, asumiendo una postura condescendiente y dejando entrever la posibilidad a los viajeros de dormir bajo un techo esa noche.
“Nuestro problema es que está muy tarde ya,” presionó Falcao Romeiro con el comentario.
“No se preocupen, yo hablo con él,” prometió el hombre de Turbo.
Nicolás Valencia atracó la embarcación enfrente de su casa. Su hermano Jesse-Desmond Valencia le estaba esperando en el segundo piso.
Alberto Moreno, Falcao Romeiro y David Menachem III le ayudaron a bajar el equipo náutico y llevarlo hasta la casa-negocio. En el primer piso tenían el local comercial de venta de maderas y en el segundo la residencia familiar.
Aquella noche durmieron allí.
Los Valencia eran una familia numerosa, compuesta de veinte hermanos y hermanas. La mayoría de ellos vivían en sus propias casas en diferentes ciudades, pero otros residían allí y en otros sectores del pueblo.
El patriarca de la familia, se enteraron después, había fallecido como consecuencia de un paro cardíaco. La cantidad de descendientes directos que había dejado sobrepasaba los triples dígitos. A su entierro en Turbo asistió mucha gente por su popularidad.
Turbo era una ciudad llena de historia
Quedó registrado en diferentes anales antiguos que figuras renombradas del supuesto “descubrimiento” de América pisaron tierra continental por vez primera en las costas del Golfo de Urabá. Después del arribo del Español Rodrigo de Bastidas, quien a finales del 1,501 llegó a la región de Urabá luego de explorar la costa Atlántica, nombró la zona como el “Golfo Dulce”. No mucho despues llegaron también otros conquistadores con la vista henchida de ambición en busca de fortuna y fama. Pero al llegar los supuestos “descubridores”, la región ya estaba habitada, y por ende descubierta. Por muchos siglos antes que llegara Cristóbal Colon y su tripulación de ex convictos liberados por la reina Isabela, cientos de tribu indígenas poblaban las Américas desde el Estrecho de Bering en el Polo Norte hasta el Estrecho de Magellan, Tierra del Fuego y la Antártida en el Cono Sur.
Varias hipótesis tratan de explicar la presencia del hombre previa a la Conquista en las Américas. Algunos dicen que el hombre primitivo cruzó en el invierno por las congeladas aguas del Mar de Bering, por el Estrecho del mismo nombre. También hay teorías que aseguran que los primeros habitantes fueron los Vikingos u otros navegantes nómadas que llegaron por mar. Científicos han declarado que el hombre primitivo siempre ha estado aquí, y que cuando ocurrió el gran cataclismo que separó los continentes el hombre simplemente quedó atrapado en esta parte del mundo.
Sin embargo, como la voz de un pueblo que habla desde el polvo, registros literarios escritos en planchas de oro y bronce, autenticados con la firma de muchos testigos que aseguraron bajo juramento que vieron con sus propios ojos los originales, fueron desenterrados el veintidós de septiembre del año 1827. Este supuesto hallazgo ocurrió en la costa noreste de los Estados Unidos por Joseph Smith. Los manuscritos desenterrados aseveran que unas familias judías de los descendientes del patriarca Jacob, quien engendró los doce hijos que formaron los cimientos de la milenaria nación israelita, huyendo de la persecución babilónica poco antes de la transportación de Israel por parte de Nabucodonosor, se embarcaron en las costas de Arabia después de caminar por el desierto por muchos meses. Los escritos dicen que luego atravesaron el gran océano, guiados con instrumentos especializados de navegación, y desembarcaron en Mezo América y América del Sur. Durante siglos se multiplicaron y formaron pueblos que poblaron el continente. Estos incluían los Lamanitas de tez negra y los Nefitas de piel clara, los cuales guerreaban los unos contra los otros.
Cuando llegaron los Españoles a la zona de Urabá predominaban las tribu de indios Kunas y Katios, quienes eran fieros guerreros que combatían entre sí y contra otros indígenas invasores.
Los Kunas eran hábiles navegantes y utilizaban pequeñas embarcaciones de un solo tronco, mientras que los Katios eran diestros en la manufactura de equipo de caza y guerra. Los indios Kunas pertenecían a la subfamilia lingüística de los Chibchas; y los Katios de la familia Karib o Caribe.
El europeo, Vasco Núñez de Balboa, en uno de los sangrientos saqueos que hizo al cacique Torecha, (a quien despedazó con una jauría de perros entrenados junto con otros 600 indígenas), encontró entre los despojos objetos de oro, perlas y un grupo de negros esclavos del cacique fallecido. Sorprendido por ver gente negra tan lejos de África, Balboa indagó a los indígenas sobrevivientes de su procedencia. Estos respondieron que no muy lejos de allí existía un pueblo habitado por personas negras con el que mantenían frecuentes guerras. Los españoles no registraron el hallazgo del pueblo de negros.
Vasco Núñez de Balboa, se vino de polizón desde la española, escondido en las velas del barco, dentro de un barril grande junto con su perro, en una de las dos naves que comandaba el bachiller Martín Fernández de Enciso. En la carabela y el bergantín venía el refuerzo de 150 hombres armados, doce yeguas y comida.
Nacido en 1475 en Jerez de los Caballeros, en la provincia española de Badajoz, ya antes Balboa había visitado las Américas impulsado por su espíritu de aventuras y su afán de riquezas. Había estado en las costas colombianas como acompañante en la expedición de Rodrigo de Bastidas.
La historia colonial le otorga el titulo de “descubridor” del océano Pacifico, a quien el llamó “Mar del Sur”. Fue uno de los habitantes de Santa María la Antigua del Darién, ciudad principal del Golfo de Urabá en la época colonial, y por razones de su hallazgo fue decapitado en pugna de poder y grandeza por ordenes del codicioso y asesino gobernador de la provincia Pedro Arias Dávila “Pedrarias”. También fue residente de la región Hernando de Soto, descubridor del río Mississippi en Estados Unidos. Y en 1.502 el mismísimo Cristóbal Colón llegó a la región de Urabá después de recorrer las costas de Honduras, Costa Rica y Panamá.
El corsario Francis Drake que navegaba junto con el capitán John Hawkins, al igual que los piratas Henry Morgan, Cozon, Coxen, Bartolomé Charps, John Evarlem y el bucanero Lasonde también saquearon y asaltaron fuertes y carabelas en el Golfo de Urabá.
Todos estos filibusteros que la historia ha consagrado como “descubridores”, colonizadores, corsarios, bucaneros y piratas, llegaron en sus diferentes viajes con la sola intención de llevarse los objetos de oro y otras riquezas que poseían los locales. Cuando no podían cambiar los abundantes metales preciosos por sus espejuelos, peines, tijeras y baratijas los arrebataban a la fuerza, aun cuando eso incluyera la destrucción de la tribu completa, el asesinato de niños y mujeres, y la erradicación de culturas que habían pre-existido antes de su ambiciosa y funesta llegada.
Para cauterizar sus conciencias y justificar sus acciones en el viejo continente sugerían falsos testimonios de los nativos de éstas tierras, informando que eran idólatras, paganos y antropófagos, y que solo bajo el domino español podrían ser civilizados.
Parece ser que el canibalismo de ese entonces era practicado por otras personas de apariencia mas civilizada. Porque el historiador Gonzalo Fernández de Oviedo detalló en su pluma para la historia que “…llegados allí, como lo que hallaron de comer era poco, algunos de éstos cristianos, viéndose en extraña hambre, mataron un indio que tomaron y asaron y comieron. Pusieron a cocer mucha parte del indio en una grande olla, para llevar que comer en el batel en donde iban los que esto hicieron. Y como Juan de la Cosa lo supo, les derramó la olla que estaba en el fuego a cocer, aquella carne humana, y se batió con los que atendían ese guisado...”
Uno de los históricos causantes del genocidio indígena, Juan de la Cosa, quien tenía el titulo de Alguacil Mayor de Urabá fue, ademas, de los primeros europeos en remontarse en las caudalosas aguas del Río Atrato. Las corrientes de este fluvial se derraman en el Golfo de Urabá y junto con el río León y otras vertientes del litoral, endulzan las aguas marinas. Cuando la comunidad indígena celebraba la pubertad de una de sus jóvenes, Juan de la Cosa, junto con 200 hombres, llegaron al poblado de Thule, que en esa época se llamaba TIKLA, ubicado en la desembocadura del Río Atrato. Al ver a las mujeres ataviadas en oro, se enloqueció de ambición y comenzó la matanza de los supuestos descendientes de Jacob. Quizás el pueblo judío también perdió mucho de sus antiguos parientes expatriados en la conquista y colonización de las Américas. Esto como parte del exterminio, persecución y holocausto en contra de estos supuestos descendientes de Israel, o sea los indígenas nativos, en la suma de los años.
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Al día siguiente, los viajeros se levantaron con el aroma penetrante de un caliente café colombiano preparado por Nicolás Valencia.La mañana la utilizaron para conversar de sus personas y del pasado. Luego se dirigieron al “Warf”, o “Waffe” como ellos le llamaban, cerca del parque principal del pueblo. En ese sitio se reunían los locales a evocar memorias y a conversar de trivialidades. Ese día en especial había un grupo nutrido de personas notables nacidas en Turbo esperando el comienzo de un acto publico que se realizaba como conmemoración de los 500 años desde la Conquista.
“¿Hay aeropuerto aquí?,” le preguntó David Menachem III a Nicolás Valencia.
“Por supuesto que sí,” dijo el hombre. “Anteriormente eran aviones anfibios que acuatizaban en la bahía, pero mas tarde fue construido un aeropuerto en tierra firme en la Punta de las Vacas. Muy cerca de donde estuvimos comprando el combustible ayer. Ese aeropuerto fue construido por norteamericanos en 1936 y en la guerra servía de base estratégica para la defensa del Canal de Panamá.”
“¿La guerra? ¿Cual guerra?,” preguntó Falcao Romeiro.
“La Segunda Guerra Mundial,” respondió Fernando Keep Correa, uno de los nativos del lugar que había escuchado de revuelo la conversación y quien conocía muy bien a Nicolás Valencia. Como era la costumbre criolla de los de aquél puerto internacional cuando están en presencia de personas conocidas, y tienen la respuesta a una pregunta, tomando uso de la palabra, Fernando Keep Correa comenzó a explicar:
“Los alemanes de Hitler, quienes perseguían a los judíos y eran enemigos de los Estados Unidos y sus aliados, tenían una sociedad comercial aeronáutica con ejecutivos colombianos que comenzó en 1919 con varios aviones. Esa era la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo -SCADTA- y funcionó por veinte años. Al estallar la guerra el gobierno de los Estados Unidos presionó políticamente al de Colombia para que quitara el control a los alemanes. Ellos no podían permitir que miembros de una nación enemiga volara tan cerca de un punto tan estratégico como el canal de Panamá.”
Fernando Keep Correa era una persona culta, con mucho conocimiento de historia local. Era autor, técnico de finanzas, administrador, y se había desempeñado ademas como Concejal. Ese día, junto a William Palacios, Humberto Osorio, Manuel Cortes Ramos, Manuel Lopez, Amparo Valenzuela, Eusebio Gamboa, Juan Barba, Ofelia Murillo, Cesar Corrales Cortes, Jose Luis Valenzuela, Flor Naranjo de Zuluaga, Andres Mena, Libia de Hernandez, Rosaura Perez de los Rios, Anibal Gonzales, y Digna Pérez de Chaverra, Nimio Pérez Meza, Luís Vélez Arias, Augusto Guardia Berrio, Lesby Arenas, Juan Bautista Perea Valenzuela, Edinson Arango, Carlino Valencia, Tomas Corpaz Díaz, Daflis Romaña, Celia Pau, York Freddy Córdoba, Maria Cristina González, Nancy Mejía, Carlos Santacruz Chaverra, Leonardo Rodríguez, Magaly Pacheco, Abadio Green Stole y el doctor Hernando Chaverra, observaba como la agente se empezaba a conglomerar para el evento de conmemoración por los 500 años del descubrimiento de América. De repente el parque principal de Turbo estaba repleto de personas conocidas entre si. Fernando Keep Correa sentía mucho placer en compartir su conocimiento con propios y extraños, especialmente con estos últimos, y en David Menachem III, Falcao Romeiro y el joven de Buenaventura sintió una oportunidad para instruir.
“En la bahía, como les dijo Nicolás, se construyó una plataforma, en donde mantenían combustible y demás implemento para los aviones anfibios. Estos aparatos tenían ruedas para aterrizar en Medellín y flotadores para acuatizar en el Golfo de Urabá. Viajaban dos veces por semana y hacían el recorrido Medellín-Turbo-Cristóbal (Panamá).
Cuando se terminó de construir el aeropuerto en tierra firme, que fue el primer aeropuerto internacional de Colombia, los aviones trimotores de la Ford Motor Company remplazaron a los anfibios y mas tarde llegaron los DC-3,” explicaba el autor, quien fue interrumpido en su cátedra de historia por el otro fugitivo de la guerrilla.
“¿Usted conoce bastante de historia, quien es usted?,” preguntó David Menachem III.
“Mi nombre es Fernando Keep Correa,” dijo el hombre.
“Keep? ¿Es usted norteamericano? Su apellido me es familiar,” dijo Menachem III.
“No. Yo nací aquí,” dijo Keep expresando cierto aire de orgullo por su patria chica.
“¿Y tu, de donde eres?,” le preguntó el lugareño.
“Yo nací en Nueva York, en Brooklyn,” respondió Menachem.
“Mi padre también era gringo, como tu. El nació en McIntosh, Florida. Se llamaba Henry Oliver Keep Fontane. Sus antepasados vinieron a América en el Mayflower procedentes de Inglaterra. Llegó aquí a Turbo después que fue transferido de la Zona del Canal de Panamá a Puerto Obaldia, cerca de la frontera. El era Oficial de Radio de la Armada Americana y vigilaba los movimientos alemanes en tiempos de guerra,” agregó Keep hablando con la naturalidad que transmiten amigos de mucho tiempo.
“¿Que celebran hoy, señor Keep?,” preguntó Falcao Romeiro al observar las actividades cívicas organizadas por la administración municipal y el gentío.
“Nuestra historia,” respondió sabiamente Keep.
“¿Cual historia?,” preguntó de nuevo Falcao Romeiro que no alcanzó a comprender la magnitud de la respuesta.
“La de Urabá, que es cuna y corazón de la historia en el nuevo mundo. Con ésta celebración lo que tratamos de hacer es rescatar del olvido nuestra auténtica identidad étnica, histórica y cultural. Queremos revivir y escribir un nuevo y verdadero capítulo en la historia de nuestros pueblos. Con ésta celebración reflexionamos acerca de nuestra procedencia y origen. Con ésta celebración escribimos y difundimos la verdadera historia del pueblo americano. Esperamos que podamos conformar una sociedad justa, basada en los principios de respeto e igualdad, participación y convivencia. Sin distingo de prejuicios sociales, raciales, económicos, políticos o religiosos. Con ésta celebración le exigimos a las distintas esferas del gobierno y de la ciudadanía en general, tomar plena conciencia de lo que para nuestra historia significan 500 años de olvido y abandono que pesan sobre nuestro territorio. Eso celebramos. ¡Celebramos América 500 años!,” exclamó Fernando Keep Correa con la emoción que expresa quien ha sufrido en carne propia los males del abandono burocrático centralizado.
Falcao Romeiro se quedó sin habla. No volvió a preguntar.
©2009 Mark Anthony Cortes
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