Capitulo 3 

 El Otro

Más… [YO SOY] linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que [anuncie] las virtudes de Aquel que [ME] llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:9)

El sol naciente de la mañana del lunes sorprendió a muchos madrugadores que deambulaban curiosos por las calles de ‘Jerusalén’, explorando las empedradas callejuelas y otros sitios de interés popular. Los “guardias romanos” vigilaban el entorno preocupados por la gran cantidad de personas levantadas tan temprano. Al frente del templo, en una plazoleta donde había un pozo de agua fresca, estaban sentados a su alrededor los ‘discípulos’ mientras que creador de ZION despachaba su primer discurso del día.

Siglos atrás, en Galilea, el Cristo no enseñó a los hombres teología ni doctrina, sino que el bosquejo de sus ideales fueron una serie de actitudes de ser, de estados mentales que prometen resultados determinados que siguen a ciertos cambios internos: cómo ser, cómo pensar. Su enseñanza es sencilla, directa, práctica; es un sumario general de su visión y filosofía.

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos,” dijo David Menachem III vestido ahora con el atuendo característico del carpintero Nazareno. Con esa sentencia comenzaba el acto de los lunes junto al templo.

En otras palabras, Jesucristo quiso enseñar cuando estaba en este mundo, que antes de poder entender lo que se está enseñando, el individuo tiene que ser educable, tiene que ser pobre en orgullo, ser humilde en admitir que no conoce la respuesta, pero que es flexible y está dispuesto a aprender.

El autor Eric Butterworth dice que eruditos de todas las épocas han pasado innumerables horas tratando sin éxito de racionalizar o definir a Dios a través del intelecto únicamente. El intelecto y la razón son necesarias para explicar y entender científicamente el mundo que nos rodea, y no puede haber contradicción con esas armas tan esenciales del arsenal de recursos que dispone el hombre para su edificación y la de su entorno. Nadie puede negar la existencia de lo visible, e intelectualmente se busca y encuentra casi siempre una explicación razonable a aquello aparentemente enigmático, aunque sea un espejismo. Pero de las cosas invisibles y su procedencia, el intelecto y la razón se quedan cortos para interpretar y explicar su naturaleza por estar limitados a lo que solo científicamente se puede demostrar. El ser humano dispone de otras herramientas de interpretación a su alcance y durante milenios las ha utilizado de forma efectiva para tomar decisiones, acertadas en muchos casos.

Lo que si ha podido explicar la ciencia a partir de la teoría de relatividad descubierta por Einstein es que al desintegrarse un átomo en explosión tiene un radio de acción que se puede medir más allá de la distancia de su núcleo. La irradiación de energía nuclear puede modificarse en partículas sub-atómicas. El hombre es energía. Dentro de si existen, por decir un número sin importancia para este análisis, trillones de átomos. La energía del hombre tiene un radio de alcance esférico que sobrepasa su estructura ósea, los limites de su piel, su ser visible y palpable, hacia los lados, hacia arriba y hacia abajo, mas allá de solo varios metros de distancia. Energía positiva y negativa. Cada vez que una persona se moviliza, su ser completo se mueve junto a ella. Se puede sentir cuando alguien con energía negativa se nos acerca. Se pueden sentir los individuos con personalidad magnética. O sea que el ser humano está compuesto de algo que va mas allá de lo que se alcanza a percibir a simple vista. Un ser invisible mas grande que lo que envuelve la piel. Invisible o espiritual. Una misma, por no encontrar otro nombre, substancia.

Se especula que el cerebro humano mas desarrollado funciona a solo cinco por ciento de su potencial total. Si un hombre alcanzase a desarrollar el 50 por ciento de su cerebro tendría una capacidad acumulativa de información que le permitiría sin equivocarse recitar de memoria el nombre, la fecha de nacimiento, la fecha de defunción, cada uno de sus logros y toda la información registrada en los anales de la historia de cada uno de los gobernantes de este mundo en todos los países, culturas, imperios y épocas. También tendría la capacidad de elucubrar complicados cómputos matemáticos imposibles de realizar por una maquina electrónica. Y podría tener al alcance de un pensamiento los más mínimos detalles en su campo de visión de todas las imágenes capturadas por su vista desde el momento de nacimiento, si se trata de una persona adulta.

Pero quedaría un cincuenta por ciento de capacidad inexplorada de su cerebro. Lo desconocido. ¿Seria posible que en ese restante incógnito cupiese la posibilidad de la existencia de Dios? Seria arrogancia intelectual del poseedor de tal cerebro así desarrollado (el cual no ha existido hasta la fecha) decir, solo porque no lo puede comprobar científicamente, que en ese cincuenta por ciento restante de desconocimiento, no existe Dios. El supuesto, e inexistente, individuo tendría el potencial desarrollado al 50 por ciento, y quizás conoce el 50 por ciento de las cosas, o el 95%, pero le falta. Mientras le falte no puede asegurar. Puede dudar, pero no asegurar. La duda viene por falta de conocimiento. La duda es causante de los temores del hombre. El temor es miedo a lo desconocido. El miedo causa dolor. El dolor produce llanto.

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación,” decía Menachem III. Cualquiera que interpretara el papel del Cristo en ZION tenía que memorizar todas las palabras del sermón del monte.

En esta bienaventuranza en particular, está diciendo, en otras palabras, que la pena y el sufrimiento pueden ser algo bueno, porque una bendición puede surgir del hecho de que en la desesperación el individuo puede dejar ir las ataduras estacionadas de hábitos y rutinas que resisten el crecimiento y el potencial de expansión. Así, llorar sirve para purificar el espíritu y clarificar la mente, lo cual a su vez permite al individuo ejercer la voluntad en la toma de nuevas decisiones con mayores probabilidades de acertar, y ese logro se convierte en su consolación. O sea que el hombre que sufre es afortunado, porque en su dolor puede llegar a experimentar la presencia divina en su vida, y debe estar agradecido por los retos que le llevan más allá de su adversidad a la oportunidad que se le ofrece.

Todo tiene su momento y todo tiene su tiempo. El llanto no es permanente. Es un momento circunstancial en la vida del hombre como resultado del dolor físico o emocional. Al igual que el fracaso. Y aunque la tendencia del que sufre es pensar que su situación es eterna, debe recordar en su dolor que eso también pasará. Que es necesario quemar esa etapa, haciendo a un lado el orgullo y levantándose para recibir la consolación con mansedumbre.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad,” dijo Menachem III. El había pasado muchas horas de estudio intensivo, en práctica y pulimento; y de esta manera dedicada y laboriosa, el arte integral de la actuación había sido perfeccionado por el magnate empresarial.

Desde el punto de vista humano esa bienaventuranza, o bendición, pareciera ridícula. Históricamente han sido los agresivos y no los mansos los que han heredado y poseído la tierra.

Pero el Cristo no está enseñando acerca de la “mansedumbre” como un acercamiento a la gente. El se está refiriendo a una actitud hacia la divinidad. Una disposición a regresar del extravío mental donde nos llevaron nuestras propias elecciones equivocadas para someternos con humildad a la influencia Divina y caminar por el camino de la rectitud hacia la herencia prometida. Con el reconocimiento de una unidad espiritual con lo divino, el “manso”, el que se ha sometido eclipsando al yo, puede interceptar los secretos del universo. El Cristo no quiso decir que el individuo debe entregarse mansamente la conciencia de otras personas, y a sus conceptos, sino a la divinidad. El mejor conductor de electricidad es la substancia que es menos resistente al fluir de la corriente eléctrica. De igual modo, el mejor conductor de poder divino es el individuo que no resiste el fluir de ese poder. La conciencia mansa no teme a la opinión pública, ni a la resistencia, ni siquiera al fracaso. Porque el éxito para esta persona no es un asunto de aceptación publica, sino de aceptación de Dios. Está en armonía con Dios, con aquello que es inspirado por Dios; y lo que es dirigido por Dios prevalecerá. El éxito, o “poseer la tierra”, al igual que cualquier otro logro del individuo comienza primero internamente; con una visión clara y detallada del ideal a alcanzar, que se adquiere al conectarse con la Mente divina subyugando mansamente el tiempo para la meditación, contemplación, planificación y oración. La persona que quiere lograr eso que se propone en su corazón con una intensidad mayúscula, con un deseo ardiente, es comparativa al deseo que tiene por pan alguien que esta hambriento.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados,” dijo David Menachem III continuando el hilo de su memorizado discurso.

Controlada por los administradores del parque temático, la lista de personas que se preparaban como él para desempeñar el papel estelar no era larga. Pero todos los que querían ser ‘Jesús’ lo hacían quizás mansamente convencidos de su fusión con la fuente interna de ideas. Nunca antes en la historia de la humanidad se habían duplicado éstas mismas palabras en un ambiente tan similar al que se pronunciaran originalmente. La experiencia para los visitantes de ZION era como haber traspasado las barreras del tiempo y las distancias y haberse involucrado de forma directa y personal en una de las historias más famosas sobre la tierra. De ésta manera, las palabras que pronunciaba David Menachem III adquirían su significado original.

La idea fundamental de la enseñanza de Jesús en ésta bienaventuranza es, en otras palabras, que el hombre es esencialmente una criatura divina. Para empezar, fue hecho a imagen y semejanza de Dios. Dios es justo. La integridad y la justicia van de la mano. De esta manera el potencial para ser íntegro está por siempre con el hombre y dentro del hombre. Así pues, la ayuda para las necesidades del hombre y la sanación de sus excesos no dependen de ningún acto especial o de la voluntad de Dios. Son un asunto exclusivo de la fe y de la visión de la persona, de su deseo y aceptación, de su “hambre y sed de justicia”. Si los hombres cumplen su parte, la promesa es “serán saciados”. Jesús trata con actitudes y no con trivialidades. Las actitudes correctas son las que hacen a un triunfador. Las actitudes correctas son las que hacen y mantienen la buena salud. Las actitudes correctas son las que hacen posible que una persona controle los excesos. Una actitud correcta es el pan que satisface el “hambre” de cualquier bien deseado. El “hambre” es un deseo ardiente; es desear una meta u objetivo por encima del deseo de cualquier otra cosa; lo suficientemente fuerte como para descartar todo lo demás y centrar la visión en forma de túnel. Los que logran eso son “saciados”, logran el objetivo, cumplen sus sueños, alcanzan sus metas. Buscan con toda su mente y su corazón, y encuentran. Pero el logro no debería terminar al completar la misión, sino con su uso. ¿De que sirve alcanzar todas las riquezas de vanidad si no se pueden compartir?

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia,” dijo Menachem III.

La mayoría de los que querían interpretar el papel de Jesús en ZION no alcanzaban a completar el curso: ya fuera porque desistían la idea de dedicar arduas horas digiriendo el complejo material de estudio, o porque cambiaban de opinión antes de concluir con el entrenamiento. A un buen numero de estos individuos les aterraba la idea de sufrir lo que el Carpintero sufrió. Fuere cual fuere la razón, el papel principal, aunque era voluntario y abierto al publico en general, no era para todos. David Menachem III, sin embargo, había decidido convertirse en el primer ‘Jesús’ de ZION. Para él, caracterizar a Jesús representaba mucho mas que un sacrificio personal o la memorización de un texto; ésta interpretación consistía en su razón de ser, el motivo de su existencia, la realización de todos sus sueños, el pináculo de su trabajo… y por eso lo hacía con una pasión indescriptible.

Al mencionar ésta bendición, el Predicador de Galilea pone en manifiesto el poder de causa y efecto, el poder de la atracción. Solamente los misericordiosos alcanzarán misericordia verdadera, plena, completa, total. El que quiere ser amado tiene que amar; el que quiere amigos tiene que ser amigable; el que quiere trato justo tiene que ser justo; porque la vida se vive de adentro hacia fuera. No siempre se puede cambiar el mundo que nos rodea, pero siempre se puede cambiar el pensamiento interno acerca del mundo; y al hacerlo, se cambia el mundo propio, que es el mundo del pensar. Jesús está enfatizando que las circunstancias que le acaecen al individuo es lo que su conciencia le ha atraído para sí. Al cambiar el patrón de atracción, se cambia el mundo propio.

Se puede debatir si el enemigo causa la enemistad o si la enemistad atrae al enemigo; pero para subir un escalón en conciencia y evocar un funcionamiento mas alto en la ley de atracción, Jesús dice en otro lugar que hay que amar a los enemigos y orar por los que nos aborrecen. No porque ellos se lo merezcan, sino por el poder inherente de causa y efecto; la ley funciona en beneficio del ejercitante. Y al menos que se busque como resultado atraer enemistad adicional, o mas enemigos, es preferible seguir el consejo mesiánico de interceder por los que nos aborrecen. Esa es la manera providencial como se altera el círculo vicioso de la violencia. Porque se mantienen los pensamientos, o el corazón, centrados solo en aquellas cosas que se desean ver manifestadas en la vida, llámese misericordia o amor, o amistad, o paz, o cualquier cosa optima que se desee. Lo contrario también es cierto. Al escoger entre las dos opciones es preferible elegir lo que es bueno, lo que es recto, lo limpio.

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios,” dijo David Menachem III. La idea del grupo de profesionales encargados de la realización y logística de todos los eventos era que los aspirantes a representar el personaje central en ZION, al participar en los estudios saliera transformado también por la experiencia.

Aunque era él quien hablaba, David Menachem III también centraba la atención al significado profundo de sus palabras prestadas, consciente que éstas tenían el poder de afectar conciencias atentas, incluyendo la suya.

En ésta bienaventuranza Jesús está enseñando a levantar los ojos internos con disciplina de pensamiento y a centrar la mente en lo bueno, lo verdadero, lo bello, lo eterno, lo abundante, lo saludable; sin importar que se esté viviendo rodeados en medio de la maldad, mentira, fealdad, lo perecedero, la escasez y la enfermedad. Insta a juzgar no según las apariencias, sino con justo juicio; a salirse del fragmento e ir al todo; a ir de la proyección defectuosa a la imagen que está siendo proyectada, de la suma incorrecta al principio matemático…y se verá a Dios. Dios es un todo, del cual el hombre es solo una parte. Lo que los ojos del hombre reportan es determinado por lo que la mente cree. Cuando el hombre aprende a ver en la consciencia de Dios, entonces ve más allá de las apariencias al potencial innato de las circunstancias. Sin embargo, el hombre está viendo las cosas, no como ellas son, ni como otras personas piensan que son, sino como él es. Es una visión interna que influye en la perspectiva y se convierte en canales de expresión de poder interno. El ver se convierte en una proyección actual del poder de Dios, un poder de bendición. Los grandes hombres de visión como Gandhi y Martin Luther King Jr., fueron individuos de paz.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios,” dijo David Menachem III repitiendo las mismas palabras que pronunciara el Nazareno milenios antes. El templo, la gente que ya empezaba a conglomerarse en vestimentas de la época, los soldados Romanos, el personaje que caracterizaba a Jesucristo, en fin, eran muchos los ingredientes que hacían darle vida a éstas antiguas enseñanzas.

El Maestro de Galilea enseña en ésta bendición que la paz que anhelamos y necesitamos en el mundo es aquella que sobrepasa todo entendimiento. Aquella paz que no puede llegar por tratados o acuerdos, o por guerras y líneas fronterizas, sino aquella que solo se podrá lograr cuando los hombres estén receptivos a ella y se conviertan en pacificadores por el proceso de expresarla desde adentro.

Antes que un profesional en su campo sea llamado doctor, abogado, científico o por cualquier otro titulo, primero tuvo que someterse a la creencia interna de algún día llegar a ser ésa persona. Después de creerlo, se embarcó en un arduo proceso de estudios, sacrificios y auto-disciplina que culminó con una graduación otorgada por la institución educativa que le acredita como titular en su campo. De allí en adelante es llamado por su titulo.

De la misma manera, para que un hombre sea llamado “hijo de Dios”, primero tiene que definirse internamente y estar convencido de su linaje divino; un ser espiritual con el potencial para la paz y armonía y vencimiento dentro de si mismo en todo momento. Un centro emisor de luz, vida y sabiduría divina, con la firme convicción interna de su potencial divino en desarrollo, en descubrimiento.

David Menachem III capturó dentro de su vista panorámica los rostros de la gente, enmarcados en el ambiente histórico del parque, era consciente que tenia publico cautivo y estaba dispuesto a taladrarles el alma anunciando las virtudes de aquel que le llamo de las tinieblas a su luz admirable.

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos,” dijo. La gente escuchaba en silencio, se disfrutaba el poco calor que emitían los rayos del sol de la mañana en Arizona.

“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.” Los gestos de Menachem III eran convincentes. “Gozaros y alegraos,” decía, “porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” Menachem III sabía darle vida a las palabras del Sembrador, estremeciendo con su significado a muchos de la multitud. Había estudiado muy bien su lección. El tono de voz del millonario sonaba genuino al repetir con potencia la enseñanza.

Además, durante el tiempo que estuvo analizando el papel del Mesías había llegado a compenetrarse tanto con el Personaje de las Sagradas Escrituras que al representarlo sentía dentro de su propio corazón las palabras que Este pronunciara. Por un momento el magnate se dejó transportar por su imaginación y revivió las escenas de la antigüedad. Para muchas de las personas presentes en el atrio del templo de ZION, ésta sería la primera vez que escuchaban tales lecciones. Algunos de los turistas, para escuchar mejor, se acercaban a las gradas del templo donde se realizaba la representación, especialmente los niños. La multitud se componía de un abanico cultural variado y cada vez involucraba mas publico.

Muchos no alcanzaban a comprender. Pero para otros era solo la repetición de lo que ya habían leído y entendido. La gran mayoría de éstos, sin embargo, les faltaba ponerlas en práctica. Admirados con la exactitud que las palabras eran reproducidas, escuchaban atentos.

De las ocho bienaventuranzas descritas por el Predicador de Galilea, esta es la única que repite su contenido, haciendo énfasis en la importancia de la bendición de ser perseguido.

A primera vista esto parecería ser completamente inconsistente con las actitudes de ser de Jesús hasta ahora. Y ciertamente, una aceptación literal de esto ha llevado a miles de personas a lo largo de los siglos del cristianismo a aceptar el martirio con pasividad estoica.

Un pastor Africano estaba siendo hostigado por rebeldes que demandaron que renunciara de su fe. El se negó. La noche anterior que le mataron, escribió estas líneas en un pedazo de papel:

“Hago parte de la 'Hermandad de los que No se Avergüenzan del Evangelio'. Tengo poder del Espíritu Santo. La suerte ha sido echada. Estoy parado sobre la raya. La decisión ha sido tomada. Soy Su discípulo. No doy marcha atrás, ni dejo ir, ni me reduzco, ni retrocedo, o me quedo quieto. Mi pasado es redimido, mi presente tiene sentido, y mi futuro está asegurado. ¡Estoy harto y saturado de medio vivir, de caminar por vista, de planificar pequeño, de rodillas lisas, sueños descoloridos, visiones domadas, charlas mundanales, dar con egoísmo y de metas enanas!

“Ya no necesito preeminencia, ni prosperidad, ni posición, ni promociones, ni aplausos, ni popularidad. No necesito estar correcto, ni primero, ni encima, ni reconocido, ni adulado, ni nombrado, ni recompensado. Ahora vivo por presencia, apoyado en la fe, amado por la paciencia, elevado en la oración, y trabajando en poder.

Mi rostro está listo, mi paso es ligero, mi meta es el cielo, mi camino es estrecho, mi vía es áspera, mis compañeros son pocos, mi Guía es confiable, mi misión es clara. No puedo ser comprado, comprometido, desviado, descentrado, ni pueden hacerme regresar, diluir, o demorar. No me intimidaré frente al sacrificio, ni dudaré ante la presencia de la adversidad, ni negociaré en la mesa del enemigo, ni meditaré en el lago de la popularidad, ni me perderé en el laberinto de la mediocridad.

“No me daré por vencido, ni callaré, ni soltaré, ni me quemaré hasta que no haya predicado, orado, pagado, almacenado, y levantado por la causa de Jesucristo.

“Soy un discípulo de Jesús. Debo irme hasta que El regrese, dar hasta que caiga, predicar hasta que todos sepan, y trabajar hasta que El pare.

Y cuando El venga a buscar a los Suyos, El no tendrá problemas en reconocerme. Mis colores serán evidentes.”

No obstante, hay una aplicación más profunda y significativa de ésta actitud de ser. El énfasis es en actitudes. Tiene que ver con nuestro pensamiento. La persecución sucede dentro de nuestra mente, y el perseguidor es un pensamiento errante de nuestra propia mente.

Cada vez que se sigue un rumbo de justicia, o de recto pensar, al empezar un programa de disciplina y restricciones, invariablemente se tropieza con oposición de pensamientos propios estáticos. Hay una clase de inercia mental que resiste cualquier cambio; un estado limitado de conciencia que resiste el alcance ascendente de las mas elevadas aspiraciones del individuo. La persecución representa la primera reacción a la fuerza externa del cambio cuando se trata de alcanzar cosas mayores, rectas, justas, que es una fuerza de origen divino; son flechazos de la conciencia humana tirando en contra de la conciencia divina dentro del hombre, que en su búsqueda de la verdad avanza mas allá de su humanidad a un conocimiento cada vez mas profundo y a una creciente liberación de su divinidad potencial.

“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago,” dice Rom. 7:19.

Algunas nubes pasajeras se interponían con el sol causando sombras también pasajeras.

Luego, haciendo un gran derroche de energías en la dinámica de su presentación, David Menachem III concluyó de esta manera el poderoso Sermón del Monte:

“Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amen.”

©2009 Mark Anthony Cortes

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